“La mayoría de los hombres no fracasa por falta
de capacidad. Fracasa por no ver con claridad lo
que está haciendo consigo mismo.”
Y aun así, hay algo que no termina de encajar.
Es que nadie te enseñó a entender tu mundo interno.
A la mayoría de los hombres se nos educa para resistir, no para comprendernos. Para aguantar, no para ordenar la mente. Para avanzar, aunque no sepamos hacia dónde.
Y eso tiene un costo. Un costo silencioso.
Por qué no ves lo que está pasando dentro de ti.
Cómo dejaste de ser tú para gustar a otros.
Control interno sin represión ni explosión.
No el que aparentas, el que sostienes a solas.
Estar presente sin forzar ni actuar.
Actuar desde convicción, no desde ansiedad.
“Cuando un hombre se entiende, cambia todo: su
forma de hablar, su forma de decidir, su forma de
relacionarse, su presencia.”